Suena arrogante, pero en el momento en que estamos parado frente a la caída de agua más imponente del continente, se nos hace imposible pensar que nada más bello e impresionante se puede observar en la naturaleza en todo el planeta. Las cataratas del Iguazú son un muestrario concentrado de todas las bellezas naturales juntas: un torrente caudaloso de agua, un acantilado imponente, un paisaje de selva, un sonido ensordecedor, y una puesta en escena natural que varía a cada paso para quitarnos el aliento.
Las Cataratas del Iguazú, según cuenta la leyenda, provocaron una exclamación de parte de las misma Primera Dama Eleanor Roosevelt, que al visitarlas no dudó en afirmar: “¡Pobre Niágara!”. Y en algo, muchos de los visitantes de una de las cataratas más vistosas del planeta, le darían la razón: las cataratas del Iguazú son una sobredosis empalagosa de belleza natural que merece una breve pero ilustrativa galería de imágenes para deslumbrarse:
Maravilla natural
Son más de 275 saltos a lo largo de 2,7 kilómetros coronados en la garganta del Diablo, un abismo en forma de U de 82 metros de alto donde el río Iguazú tropieza:
Imagen Claudio Ar
Vértigo
La gravedad reina en las cataratas del Iguazú, un abismo de espuma blanca donde la tierra parece tragarse al río. Y mirar tal espectáculo tiene su precio, en pasarelas y miradores al borde de la garganta más fotografiada de Sudamérica.
Imagen Claudio.ar
Furia
El agua, ruge como una fiera, y vuelca su furia en la garganta del diablo, un embudo gigante en la selva que con su estruendo, se escucha a kilómetros de distancia.
Imagen Roger Montserrat
Imagen Claudio.Ar
Las cataratas del Iguazú, en la frontera entre Brasil y Argentina, son el punto cumbre de la obra maestra de la naturaleza en Sudamérica. Un paseo renovador para dejarnos sin aliento. Y Brasil, de la familia de los gigantes, ofrece cerca de las cataratas todos los servicios turísticos para disfrutarla tanto (y más) como lo permiten las imágenes
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